

En un entorno de inflación de noviembre inferior a lo anticipado (0,07% m/m) y una inflación anual que descendió a 5,30%, el Banco de la República enfrentó una reunión especialmente sensible por estar justo antes de la definición del salario mínimo y por expectativas de mercado de un alza de 25 pbs. Finalmente, la Junta Directiva —con votación dividida 4-2-1— mantuvo la tasa en 9,25%. La mayoría argumentó que aún se necesita una postura restrictiva porque la desinflación se frenó en 2025, las expectativas a un año se alejaron del 3% y la tasa real se ha reducido. Además, destacaron que la demanda interna sigue impulsada por una política fiscal expansiva y que han aumentado los riesgos inflacionarios, incluyendo un posible incremento elevado del salario mínimo, sumado a mayores costos de financiamiento externo por el aumento del riesgo país y el deterioro fiscal.
Tras la falta de acuerdo entre empresarios y trabajadores, el Gobierno decretó un aumento del salario mínimo de 23%, llevando el salario a cerca de $1.751.000 y, con subsidio de transporte, el ingreso total se aproxima a $2 millones; fue leído por el mercado como un factor de presión alcista sobre inflación, con riesgos de mayor desempleo e informalidad. En paralelo, el frente fiscal se deterioró: la Comisión Cuarta del Senado negó la “ley de financiamiento” (16,3 billones) y el Gobierno declaró emergencia económica para cubrir el faltante presupuestal, aunque con cuestionamientos sobre su viabilidad constitucional. En este contexto, la renta fija local reflejó el mayor nerviosismo: la curva de TES tasa fija se desvalorizó en diciembre (y también en el acumulado del año), influida por la operación de compra de TES de PIMCO y por la rebaja de calificación de Fitch (de BB+ a BB), en un marco de déficit primario elevado y aumento de la prima de riesgo.

En diciembre, la Fed recortó la tasa de fondos federales en 25 pb hasta el rango 3,50%–3,75%, pero acompañó la decisión con un tono más restrictivo de lo habitual, interpretado como un “recorte hawkish”: la puerta a nuevos recortes se estrecha y dependerá de la evolución de inflación y empleo. La votación fue inusualmente dividida (9–3, con tres disensos, algo no visto desde 2019). Powell señaló que, tras los recortes acumulados, la política monetaria se ubica dentro de un rango amplio de estimaciones de neutralidad y que la Fed está “bien posicionada para esperar y ver”. En el SEP, el FOMC elevó la proyección de crecimiento 2026 a 2,3%, mantuvo el desempleo cerca de 4,4%, y el dot plot siguió apuntando a un recorte adicional el próximo año y otro en 2027 antes de converger a una tasa de largo plazo cercana a 3%, aunque con alta dispersión (varios miembros proyectan cero recortes).
Con el fin del cierre de gobierno, se publicaron datos pendientes. En el frente laboral, las nóminas no agrícolas mostraron un octubre muy débil: una caída revisada de 105 mil empleos, explicada en buena medida por la contracción del empleo público asociada al cierre. Luego, en noviembre se observó un rebote con +64 mil empleos, superando lo esperado (≈45–50 mil), pero el balance siguió apuntando a moderación: la tasa de desempleo subió a 4,6%, máximo desde 2021. En inflación, el IPC de noviembre sorprendió a la baja (2,7% a/a) y la subyacente cayó a 2,6% a/a, aunque la lectura estuvo distorsionada por la ausencia de datos de octubre y ajustes metodológicos del BLS. En crecimiento, la primera estimación del PIB 3T fue muy fuerte (4,3% anualizado), apoyada por un consumo privado más dinámico (3,5%) y aportes de exportaciones y gasto público, con una caída de inversión fija privada menor a la anticipada.
