

En enero de 2026 la inflación fue 1.18% mensual, en línea con lo previsto por el consenso, pero suficiente para llevar la variación anual a 5.35%, por encima del 5.10% con que cerró 2025. El repunte reflejó principalmente reajustes típicos de comienzos de año, asociados al aumento del salario mínimo, con mayor contribución de restaurantes y hoteles (2.94%, +0.33 pp), transporte (2.14%, +0.29 pp) y alimentos y bebidas (1.66%, +0.31 pp). Aunque el dato no sorprendió, la encuesta de analistas del BanRep mantuvo 6.3% como proyección de inflación a fin de 2026, mientras que la expectativa a 12 meses bajó a 5.76% desde 6.15%. En actividad, el PIB de 2025 creció 2.6% y el 4T 2.3%, ambos por debajo de lo esperado; destacaron entretenimiento, comercio y administración pública, mientras minería y construcción cayeron. Por gasto, crecieron importaciones (8.4%) y consumo (4.2%), y preocupó la inversión: solo +1.3% y participación de 16% del PIB, la más baja en décadas.
En materia regulatoria y de política económica, el Gobierno decretó una emergencia económica por las lluvias en la costa Caribe y anunció medidas tributarias: una tarifa de 0.5% para personas jurídicas con patrimonio líquido superior a $10,474 millones y una tarifa incrementada de 1.6% para bancos, aseguradoras, petroleras y mineras de carbón. En ese marco también se discutió una nueva iniciativa de “inversiones forzosas” para que los bancos ofrezcan créditos a tasas bajas dirigidos a sectores como la agricultura y actividades afectadas por la ola invernal, pese a la existencia del Pacto por el Crédito. Hacia el cierre del mes generó ruido un borrador de decreto del Ministerio de Trabajo que buscaría trasladar cerca de $25 billones desde fondos privados a Colpensiones, correspondientes a ahorros de trabajadores que usaron la “ventana de transición” de la reforma pensional de 2024; la inquietud surgió porque la ley aprobada planteaba que esos recursos seguirían administrados por fondos privados hasta la edad de jubilación y que el traslado sería al BanRep, no directamente a Colpensiones. Adicionalmente, el Consejo de Estado suspendió el decreto que fijó el aumento del salario mínimo por falta de criterios técnicos constitucionales; el Gobierno expidió uno nuevo con el mismo incremento, incorporando dichos criterios.

Febrero comenzó con un breve cierre de gobierno en EE. UU., que afectó el calendario de publicación de algunos datos. En empleo, enero sorprendió al alza: las nóminas crecieron 130 mil (vs. 70 mil esperadas) y la tasa de desempleo bajó a 4,3% desde 4,4%, aunque con revisiones a la baja cercanas a 1 millón de empleos a lo largo de 2025. En inflación, el IPC de enero desaceleró a 2,4% (desde 2,7%) y el subyacente a 2,5% (desde 2,6%), ambos ligeramente por debajo de lo previsto. Las minutas del FOMC (18 de febrero) reforzaron un tono de paciencia: tras recortes de 75 pb en 2025, la mayoría favoreció mantener la tasa en 3,50%–3,75% y esperar evidencia clara de que la desinflación retoma impulso; incluso se discutió una guía de doble vía, contemplando alzas si la inflación se mantiene por encima del objetivo. En paralelo, el core PCE de diciembre (3,0% a/a) y la sorpresa del PPI de enero (2,9% a/a) sostuvieron el sesgo cauto, mientras el PIB se desaceleró a 1,4% t/t anualizado, llevando al mercado a postergar el próximo recorte, con julio como la reunión más probable.
En comercio, la Corte Suprema invalidó en un fallo 6–3 los aranceles impuestos en 2025 bajo la IEEPA, al concluir que esa ley no autoriza al Presidente a imponer aranceles; no definió si habrá reembolsos automáticos y dejó fuera otros gravámenes basados en normas distintas. Trump respondió con una Proclamación para imponer un arancel global de 10% ad valorem bajo la Sección 122 de la Trade Act de 1974, con entrada en vigor el 24 de febrero y vigencia de 150 días (techo legal de 15%), acompañada de lineamientos operativos y la posibilidad de migrar a herramientas más “durables” (Secciones 301/232). En mercados, el tono fue negativo: el S&P 500 cayó cerca de −0,9% y el Nasdaq −3,4%, presionados por temores de “AI disruption” y dudas sobre la sostenibilidad del “AI trade”, con rotación desde acciones ligadas a IA —incluida debilidad en Nvidia pese a resultados sólidos— hacia sectores menos expuestos.
